
Ni la riqueza es pecado, ni la pobreza virtud
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La maldición del viento a favor: cuando la riqueza se convierte en un riesgo
noviembre 3, 2026Hace casi dos años escribí en este mismo espacio sobre la importancia de tomar las decisiones familiares. En ese post, recalqué que la planificación patrimonial es una “actividad pensada para la familia”. Durante las últimas semanas, esta idea se viene reforzando. Todos conocemos, por lo que hemos visto y leído en medios y redes, el conflicto familiar que atraviesa la familia Stoessel, que espero se resuelva pronto y de la mejor manera para todos los implicados. Pero también sabemos que no es, que no fue y que lamentablemente tampoco será el único caso.
Los nombres se me aparecen enseguida. Britney Spears es el caso más conocido de los últimos tiempos, pero seguramente el de Macaulay Culkin haya sido el primero en hacerse mundialmente conocido, dada la fama del ex pobre angelito. La lista es larga y abarca tanto a los que trascienden fronteras como a quienes quedan dentro de un nicho más específico. Gary Coleman, Jackie Coogan, Aaron Carter, Dominique Moceanu, Eduardo Benevent… Hay para todos los gustos.
Estos casos tienen un hilo común: todos eran niños o muy jóvenes cuando comenzaron sus carreras profesionales y necesitaban la tutela de un mayor. Y ese mayor estaba dentro de la familia. Padres, madres y hermanos se convirtieron en los responsables legales, en los managers, en los administradores de los ingresos del éxito ajeno. Y todo terminó como pueden terminar estas cosas: peleas familiares, conflictos públicos y hasta carreras arruinadas.
El peso de la historia
Durante 13 años, el padre de Britney Spears controló las finanzas de la artista, hasta que, tras un movimiento conocido como #FreeBritney, ella pudo volver a tomar las decisiones. Más adelante, a partir de una denuncia por mal manejo del dinero, padre e hija alcanzaron un acuerdo económico privado.
Kit Culkin, padre de Macaulay, fue también el representante del actor, hasta que, al separarse de la madre del protagonista de Mi pobre angelito (Home Alone), empezaron una disputa legal por la custodia y la fortuna del entonces adolescente. Con 15 años, Macaulay demandó a sus padres y logró la emancipación legal, quitándoles el control del dinero.
Los mayores recordarán quién fue Gary Coleman, el niño protagonista de la serie Blanco y Negro. Pues bien, cuando terminó el éxito del programa, descubrió que su fideicomiso, que se estimaba en unos 18 millones de dólares, estaba casi vacío. Demandó a sus padres adoptivos y a su asesor por malversación y ganó una sentencia de 1,28 millones de dólares, aunque finalmente terminó en bancarrota.
El caso de Jackie Coogan inspiró la legislación de protección a menores en el espectáculo. Cuando era niño saltó a la fama por protagonizar la película El chico, de Charles Chaplin. Su madre y su padrastro, que además era abogado, dilapidaron la fortuna que había ganado Jackie, quien terminó demandándolos y recuperando apenas una parte del dinero.
Durante una década, el cantante y actor Aaron Carter tuvo a su madre y a su padre como managers, hasta que en la adolescencia inició un proceso de emancipación: los acusaba de haber gastado millones de dólares. El conflicto familiar no cesó siquiera con la muerte del cantante.
La gimnasta olímpica estadounidense Dominique Moceanu pudo emanciparse legalmente de su padre, Dumitru, a los 17 años. Lo hizo después de acusarlo de malos tratos y de usar cerca de un millón de dólares que ella había ganado como gimnasta.
Probablemente, pocos conozcan a Eduardo “Gato” Benevent, un boxeador argentino nacido en la localidad de Lincoln, que tuvo su mejor momento en los años 80. Recién este año contó lo que vivió con su familia: su padre y su hermano manejaban la plata, él no se metía, no sabía y tampoco se quedó con nada. Ellos invirtieron, gastaron. Se distanciaron. “No tengo mucho contacto con ellos”, dijo en una entrevista, “pero medio Lincoln podría ser mío”.
Cierro la lista con esta pequeña historia porque lo vale: es un caso prácticamente desconocido, que involucra muchísimo menos dinero que las otras. El propio Benevent estima que le podrían haber quedado alrededor de 200 mil dólares, nada si se compara con Britney, Stoessel o Culkin. Pero aunque no lo crean, yo no busco hablar de dinero, sino de vínculos.
Perder la confianza en un familiar es complejo. No se vuelve de esas disputas de la misma manera. Muchas de las caras que vengo mencionando no recuperaron jamás los vínculos. La que hoy ocupa espacio en los medios todavía puede tener un final feliz. ¿Por qué, entonces, exponerse a esto? Algunos me dirán que todo parte de la confianza. Que no hay nadie mejor que uno para manejar el dinero de un hijo. Que no hay nadie mejor que papá o mamá para analizar los contratos que firmo y la plata que gano. Que a veces cometemos errores. Que no todo es lo que se dice, que a veces hay algo más. Que lo que hicieron lo hicieron con amor. Y todo es posible.
Como hablé, también hace tiempo, el cuidado del patrimonio empieza en la mesa familiar. Hablando del tema. Siendo claros con lo que hay, con lo que puede haber, con los miedos, con las posibilidades, con los deseos. También, informándose. Sostengo la esencialidad de la educación financiera: que cada familia y cada persona tienen que saber qué pueden hacer para proteger sus ingresos de agentes externos. Cómo podemos, además, administrar lo que generamos o lo que generan nuestros seres queridos sin resignar las decisiones, sin perder el control. ¿Trusts? ¿Fideicomisos? ¿Contratación de administradores o asesores independientes? ¿Creando sistemas de rendición de cuentas claros y previsibles? ¿Poniendo limites a los poderes otorgados? ¿Controlando más de cerca? ¿Documentando relaciones y decisiones? Herramientas e instrumentos legales hay muchos, la clave es encontrar los correctos.
No se trata de desentenderse, de dejar todo en manos de otro. De no participar de las decisiones de un ser querido. De enfriar las relaciones. Hay, por supuesto, vínculos que funcionaron bárbaro incluso con familiares manejando las finanzas de otros. Donde todo fue transparente desde el primer minuto. Hay algo ahí, desde ya. La transparencia que nos gusta: la que permite que todos los que compartimos la mesa sepamos hacia dónde vamos.
Vuelvo al inicio, a esta idea de que la estructuración patrimonial es una “actividad pensada para la familia”. Porque resuelve. Porque tranquiliza. Porque evita riesgos. Incluso estos de los que hablamos hoy.




