
Volver a casa: cuando lo que tenemos no entra en la maleta
febrero 24, 2026El universo de los famosos está repleto de estrellas. Gente que admiramos, que nos gusta por lo que hace o por lo que provoca. Pero esas y las demás estrellas –las que no nos gustan o inspiran tanto– no dejan de ser personas. Personas que cometen errores. Errores que pueden costar caro. De algunos de esos casos vamos a hablar hoy.

Cuando gastar de más se paga
Uno de los problemas que suelen tener las personas o familias de alto patrimonio, sobre todo cuando ese patrimonio lo generó alguien más, es que creen –sin razón– que el dinero es infinito. Es cierto que llega un momento en el que parece infinito, pero si ese dinero se administra mal, las consecuencias suelen ser dramáticas.
Nota mental: en un futuro posteo, contarles la historia de la Familia Rockefeller y su famosa “banca infinita” o “cascada dinástica”.
Un caso conocido es el del actor Johnny Depp, de quien se estima que gastó más de 600 millones de dólares hasta dejar en evidencia grandes problemas financieros, hace poco menos de diez años. Tenía, según noticias de fines de la década pasada, más de 15 propiedades, yates y aviones privados, pero además una isla privada en Bahamas, flota de autos, colección de arte, más de 40 empleados y un gasto mensual en vinos que escandalizaría a más de uno. Pero eso no es todo: también enfrentó batallas legales que fueron horadando su cotidianidad.
El combo fue duro: estuvo al borde de la bancarrota. Al borde, entre otras cosas, porque como Rocky Balboa en la ficción con tintes de realidad que analicé hace un tiempo, era Johnny Depp y todavía tenía tiempo para enderezar su historia.
Es importante recordar que la gente progre no quiebra, quienes quiebran son personas que supieron tener dinero, pero no administrarlo; y que ingresos no equivale a riqueza. Un médico ganando US$500,000 al año, pero con deudas por US$1,500,000 no es rico. Una maestra ganando US$75,000 por año e invirtiendo durante 30 años, podría en cambio llegar a serlo.
Cuando las compañías no son buenas compañías
Nadie puede decir que Al Pacino no fue (ni es) una persona exitosa. Nadie. Sin embargo, no hace tantos años descubrió que a pesar de todas las películas que había protagonizado, no contaba con lo que creía. “Estaba en la ruina. Tenía 50 millones de dólares y luego no tenía nada. Tenía propiedades, pero no tenía dinero”, admitió en un libro autobiográfico editado un par de años atrás.
El conflicto, según explicó, lo originó su ex contador, que era además administrador de otros famosos.Algo parecido le sucedió a George Foreman, y a tantos otros.
La cuestión es que, a los 70 años, Pacino tuvo que hacer lo que ya no hacía desde sus inicios: aceptar trabajos que no le interesaban, como Jack and Jill, de Adam Sandler, solo para recaudar dinero y volver a recuperar algo de lo perdido. O incluso a cobrar por dar seminarios o asistir a presentaciones en universidades, actividades que hasta entonces hacía porque le gustaba.
Cuando invertimos sin saber
Es bastante habitual leer que la clave, cuando se tienen altos ingresos, es “invertir”. Suena hasta una obviedad: si queremos mantener y ampliar el capital, hay que invertir. El problema es que la mayoría de las personas no sabe de inversiones. Y entonces confía. Confía en personas que tampoco saben –algunas, incluso, con las mejores intenciones–, en proyectos que parecen mágicos o en otros que son riesgosos. Para invertir, hay que saber (breve digresión: por eso en UNTITLED no ofrecemos inversiones, no decimos cómo hay que invertir el dinero, en todo caso conectamos con asesores de inversión; cada uno tiene que dedicarse a lo que sabe).
Esto lo debe haber aprendido Kim Basinger, que invirtió 20 millones de dólares para comprar un pueblo cercano a su ciudad natal, Georgia, pensando en armar un parque temático con aspiraciones hollywoodenses, y terminó vendiéndolo años más tarde sin parque temático y por el diez por ciento de su valor.
Lo sabe también Burt Reynolds, que compró bares y otros negocios sin entender el rubro ni poder controlar su administración.
Lo sabe por demás Nicolas Cage, otro inversor en inmuebles, entre otras desgracias financieras.
También lo sabe de cerca Scottie Pippen.
Algunos de ellos, además, sumaron al combo el ingrediente Depp: cruces con asesores y juicios millonarios.
No todos ellos quebraron, pero sí debieron conformarse con vivir con menos de lo que podrían haber tenido. Y, sin dudas, con menos de lo que en algún momento imaginaron.
Cuando los problemas legales se ven a la distancia
Es habitual leer –y, en mi caso, escuchar– sobre problemas con asesores que se sienten (o son) desplazados y terminan demandando en la justicia. Otros problemas son insospechados por sus protagonistas, a pesar de ser obvios: hay que pagar los impuestos.
Shakira, Wesley Snipes, Luis Miguel, Cristiano Ronaldo, Pamela Anderson y Boris Becker son algunos de los muchos que tuvieron inconvenientes por no pagar sus impuestos.
Más allá de las cantidades y de los tiempos –si se pagó lo correcto, si intentó ocultarse o si se pagó a destiempo–, muchas veces los conflictos surgen por desconocer las particularidades fiscales de los países donde se trabaja, desde donde se cobra el dinero, o incluso donde se decide vivir o tener propiedades.
Cuando no se piensa más allá
Ya hemos hablado de esto en otras ocasiones: muchas carreras tienen tiempos breves –deportistas, por ejemplo– o cambiantes, a veces dependientes de modas o aires creativos –artistas–. Todas ellas, como las de cualquier otro mortal, están supeditadas a la condición –lesiones físicas, psíquicas, incapacidades temporales o permanentes–. Por eso, no pensar en el mañana termina siendo un problema. Y para quienes tienen mucho, a veces el problema es mayor: gastan más y luego no pueden sostenerlo en el tiempo.
Los picos de ingreso son clarísimos en deportistas y artistas. Hay momentos cumbre de las carreras y otros considerablemente más bajos. Es la razón por la cual llevo mucho tiempo hablando y escribiendo sobre protección patrimonial para artistas y deportistas profesionales, y es la razón por la cual creamos EVOLVE.
Para ellos, específicamente, no planificar ya no el patrimonio, sino la vida, es un error. Y lo terminan padeciendo.
Casos, además de los que ya hemos visto en otros puntos, hay cientos:
MC Hammer, Dennis Rodman, Toni Braxton, Mike Tyson, hasta Elvis Presley lo padeció. Algunos, como MC Hammer y Tyson, incluyeron en sus gastos el mantenimiento de muchísima otra gente, que de por sí ya vivía por encima de sus posibilidades reales.
Si a esto se le suman consumos problemáticos (Whitney Houston, Julio César Chávez), no hay vuelta que darle: el dinero se acabará pronto sin que nos demos cuenta. O al menos se reducirá demasiado para el estilo de vida esperado.
Un bonus track
No pensar que los vínculos son finitos y pueden acabarse.
Separaciones, peleas familiares y diferencias con socios están más a la vuelta de la esquina de lo que nos gustaría. El “siempre vamos a llevarnos bien” o “nos vamos a amar para toda la vida” pueden, lo sabemos, fallar. Y cuando fallan y hay patrimonio de por medio, el aspecto sentimental no es lo único que duele.
En una simple lectura, parece fácil entender qué es lo que no se debe hacer para no despilfarrar el patrimonio personal, familiar o de la empresa. Lo que falta saber es cómo protegerlo. Para lograrlo existen herramientas legales de planificación patrimonial. Pero de eso ya venimos hablando y volveremos a hablar pronto, en este posteo y en redes sociales.
Un origen
Todos, cuando tenemos un problema o una dificultad, recurrimos en primera instancia a alguien cercano en quien confiamos.
La planificación patrimonial no solo no es una excepción, sino que sería muy difícil que lo fuera; básicamente porque hay cuestiones muy privadas de por medio.
El tema es que, mientras un empresario suele tener en su cercanía al gerente de finanzas de su empresa familiar o a sus asesores externos (abogados, contadores, asesores financieros, etc.), un deportista o un artista tiende a contar con un amigo de la infancia, con su manager, con el fisioterapeuta, el concierge, quien le administra las redes, o con quien maneja su yate o su avión.
Son personas de confianza, sí, pero con posibles conflictos de interés y, por lo general, sin los conocimientos técnicos adecuados en cuestiones financieras, de estructuración patrimonial, planificación sucesoria y/o impuestos.
¿Qué podemos (o debemos) hacer nosotros ante esto
-
- Generar confianza (en los deportistas y en los atletas de alto nivel, pero también en cualquier familia que puede tener las mismas dudas) destacando nuestra experiencia, nuestro historial comprobable y la profunda independencia con la que trabajamos.
- Capacitar al entorno de estos clientes.
- Estar disponibles para responder consultas y evacuar dudas.




